¿No es mucha realidad para tan solo dos ojos?

¿No es mucha realidad para tan solo dos ojos?

Esta pregunta me la hice el otro día cuando, ciertamente, la ansiedad que sentía empezaba a preocuparme más que el propio coronavirus. Intenté poner toda la atención que me resultó posible para analizar mis pensamientos y averiguar, de este modo, de qué manera podía mejorar mi estado emocional ante esta crisis. Pero no solo quería mejorar el mío, sino el de muchas personas queridas de mi entorno en las que estaba percibiendo una situación como la mía.

«Me he dado cuenta de que tenemos ante nosotros más cantidad de realidad de la que somos capaces de asimilar»

Sí, efectivamente, gracias a la reflexión, la atención y las conversaciones que he tenido con gente a la que aprecio mucho, me he dado cuenta de que tenemos ante nosotros más cantidad de realidad de la que somos capaces de asimilar. Nuestro cerebro tiene una capacidad enorme de percibir y acumular impactos de todo tipo que le llegan a lo largo del día. Pero es que, ante este nuevo escenario, me le imagino como una inmensa computadora que guarda constantemente una gran cantidad de información, extremadamente negativa, en este caso. Y creo que ha llegado el momento de decir, basta.

«Plantearme una reducción de sufrimiento en mi vida en un momento como éste, no significa ser menos responsable o solidaria con la terrible situación que atravesamos»

¿Por qué digo basta? Plantearme una reducción de sufrimiento en mi vida en un momento como éste, no significa ser menos responsable o solidaria con la terrible situación que atraviesa nuestro entorno, nuestra comunidad, nuestro país, el mundo y, en definitiva, nuestra vida. Al contrario, decidir entrenar para estar más fuerte, creo que es una postura útil y solidaria ante esta crisis.

Entrenar para mantener una actitud positiva, tarea nada sencilla, debería ser una de las principales ocupaciones de cada uno de nosotros al comenzar el día. Lo he visto muy claro en mi caso: estar nerviosa, angustiada, preocupada, atemorizada y con una sensación absoluta de no saber qué va a suceder, no me estaba ayudando en nada. Y no solo a mí, sino, como os decía, a mi entorno y a la gente que quiero.

Dentro de este entrenamiento del que os hablo, que he empezado hace muy poco gracias al apoyo de personas muy importantes para mí, y que me sirven de ejemplo cada día, he incluido algunos ejercicios:

«Entrenar para mantener una actitud positiva, tarea nada sencilla, debería ser una de las principales ocupaciones de cada uno de nosotros al comenzar el día»

Evitar exponerme de manera constante a informaciones relacionadas con el virus.

Seleccionar las fuentes de información que considero más adecuadas para consultar cuando deseo obtener datos lo más veraces posibles de la realidad actual.

Huir/ evitar entrar en conversaciones dramáticas que anticipan un futuro más horrible si cabe del presente que nos toca vivir, en muchos casos basadas en pensamientos e ideas no contrastadas o, incluso, exageradas.

No centrarme en las imágenes más desoladoras que, a veces y haciendo su lógica labor, nos ofrecen los medios de comunicación. Seguro que muchos sabéis a qué clase de imágenes me refiero. No pretendo alejarme de lo que acontece, pero sí poner límites a la cantidad de sufrimiento que deseo experimentar cada día.

«Si vencemos esa desagradable situación de angustia, incluso de pánico, estaremos infinitamente más preparados para afrontar lo que venga»

Y lo digo, honestamente, desde la fortaleza que creo que hemos de tener cada uno de nosotros, nos toque más cerca o más lejos el problema. Algunos estamos bien, de momento, porque siempre digo que no puedo fiarme de que la situación siga bien, pero sí de tomar las precauciones adecuadas para intentar continuar a salvo del virus. Otros lo han pasado ya, o lo están pasando en estos momentos; y me dirán: qué fácil intentar mantenerse positivo cuando no tienes el problema encima. Pues, repito, el problema lo tenemos todos, más o menos directamente en nuestras vidas. Y creo, como me dijo mi madre el otro día, que no hay que tener miedo. Nos tocará lo que el destino tenga preparado para cada uno de nosotros. Si vencemos esa desagradable sensación de angustia, incluso de pánico, estaremos infinitamente más preparados para afrontar lo que venga.

«Debemos mantener una actitud que nos permita conservar la mente serena y optimista, dentro de la objetividad de los datos»

Hoy he escuchado hablar a un experto acerca de la necesidad de tener higiene mental. Nos invitaba a diversificar las acciones y actividades que llevamos a cabo a lo largo del día encerrados en nuestras casas. Nos invitaba, incluso, a divertirnos; no por ello vamos a ser menos responsables, solidarios o a estar menos involucrados con la causa. Al contrario, si estamos relativamente felices y positivos, transmitiremos esa energía positiva a la gente que la necesita. El experto, en definitiva, nos sugería que debemos mantener una actitud que nos permita conservar la mente serena y optimista, dentro de la objetividad de los datos.

«Mucha realidad para tan solo dos ojos. Frenemos la negatividad e intentemos centrarnos en la fortaleza»

Yo estoy en pleno entrenamiento para intentar alcanzarlo. Si os sirve de apoyo, os recomiendo que dediquéis un ratito cada día a aseguraros de que vosotros también lo estáis haciendo. Creo que, ver la vida con el enfoque inocente y vital de un niño, es algo que nos vendrá de maravilla a todos en esta situación que nos ha tocado vivir.

Mucha realidad para tan solo dos ojos. Frenemos la negatividad e intentemos centrarnos en la fortaleza.

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